Hoy, como todos los años, el gobierno de Puerto Rico reparte regalos a los niños que lleguen al lugar designado (que realmente este año ni sabía dónde era). Lamentablemente, la “fiesta” de hoy parecía más la venta del madrugador del viernes negro (Doorbusters on Black Friday) en la que todo el mundo quiere ser el primero para que cuando abran, o antes de que abran la tienda, llevarse la puerta y a los empleados enredados con tal de ahorrarse un menudito. ¿Que dirían Gaspar, Melchor y Baltasar al ver este pintoresco acontecimiento? (Oprima aquí para ver la noticia)
Desde hace ya algunos años, el gobernador y otro personal del gobierno central llevan a cabo esta actividad como parte de la tradición del día de los Tres Santos Reyes. Los primeros años se hizo en La Fortaleza, residencia oficial del gobernador y su familia. Debido a problemas de espacio y logística, y al sinnúmero de contratiempos, empujones, desmayos, entre otros, la actividad se ha ido cambiando de lugar. Por un tiempo se hicieron unas estaciones de regalos en el Morro, y tan reciente como el año pasado, la actividad se dividió por algunos pueblos de la isla. Todo esto tratando de minimizar los problemas con las personas en las largas filas.
Este año la actividad se daría entre el Coliseo Roberto Clemente y los pueblos de San Juan, Yabucoa y Utuado. La del Roberto Clemente terminó siendo un caos con empujones, peleas, niños perdidos, niños golpeados entre otras barbaries. En una de las fotos del artículo de El Nuevo Día antes mencionado, se ve un bebé dentro de su coche siendo pasado de mano en mano por encima de la multitud. O sea, ¿qué es esto? ¡Ni que estuvieramos en la época de las cavernas! ¿Dónde quedó el verdadero significado de este día?
Primero, parece mentira que los padres le estén dando tan mal ejemplo a sus hijos. La gente es capaz de dormir en el lugar que sea la noche antes, ¿para qué? ¿Para un juguetito gratis? Entiendo que hay niños que probablemente lo único que reciben es ese juguetito, pero podría asegurar que esos niños, que son los que verdaderamente necesitan ese regalito, son los que no lo van a recibir. Posiblemente ni siquiera se presentan allí a buscarlo. Segundo, me revienta que politicen una cosa como esta. Ahora todo el mundo le está echando la culpa al gobernador y a la “pobre” organización del evento. Aunque ese es un factor crucial para el éxito o fracaso de la actividad, no se puede tapar el cielo con la mano, y no toda la culpa es del gobierno. Sería bien ignorante de nuestra parte aceptar eso porque tanta culpa tienen ellos como la tiene la gente que asiste a esas actividades. Es más, yo diría que la gente tiene más resposabilidad en este aspecto. ¿Dónde quedaron los modales, la cordura, el sentido común, la educación? ¿De qué me vale desear todas estas virtudes el día de Año Nuevo, si esa misma semana voy a hacer todo lo contrario?
Es bien fácil ahora echarle la culpa a Fortuño y, en los pasados años, a Aníbal, a Sila y a Rosselló de los revoluces que se han formado en esta actividad. Va a ser bien fácil echarle la culpa en el futuro al gobernador de turno de los revoluces que se puedan formar…¡claro que sí! Todos los años es lo mismo. Y mientras le sigamos echando la culpa al mequetrefe que esté de turno en Fortaleza, este pueblo seguira en el hoyo, hundiéndose cada vez más. Me entristece ver cómo hay gente que se alegra de ver estas cosas porque el que lo organizó fue el gobierno del “otro partido” (y esto va tanto para penepés en el pasado como para populares ahora) en lugar de pedir paz y cordura.
¡Ya basta! ¡La gente tiene que aprender a comportarse adecuadamente y a convivir con sus semejantes! La gente tiene que aprender a dejar de echarle la culpa al otro y aceptar las consecuencias de sus acciones. El gobierno no puede estar detrás de cada uno de nosotros diciéndonos lo que debemos o no hacer. Sería como el papá que tiene que estar detrás de su hijo en una fiesta porque no se sabe comportar. Al niño se le lee la “cartilla”, como me hacían a mi cuando pequeña, antes de la actividad y si no se comporta, agarras al muchachito, te vas y para la próxima el niño no vuelve…¡castigado!. Sencillo. Lo mismo debería hacer el gobierno ahora.
Esta actividad debería eliminarse porque sencillamente ya perdió el sentido, la esencia. En su lugar, adoptaría una idea de mi amiga Debbie, y todo el dinero y los regalos que se supone sean para esta actividad, se repartirían en hogares de niños enfermos, abandonados y/o maltratados y en los hospitales pedriáticos. Esos niños verdaderamente merecen un poco de alegría en estos días. Del resto, que se encarguen los alcaldes si es que pueden, puesto que el número de gente sería más limitado y manejable.
Como dije hace un año atrás: ” Hace más de dos mil años, tres reyes muy ricos emprendieron un largo viaje para llevarle los mejores regalos – oro, incienzo y mirra – a un rey que estaba por nacer y que se convertiría en el Rey de Reyes. Para su sorpresa, encontraron al recién nacido, no en un palacio, sino en un pesebre, entre la mula y el buey. Este niño no necesitaba riquezas para ser Rey, solamente un corazón lleno de amor lo suficientemente grande como para dar la vida por nosotros.”
Podemos olvidar cualquier cosa, pero que este pueblo jamás olvide lo que significa la celebración del día de Reyes. Si tanto queremos preservar nuestras tradiciones, creo que lo justo sería recordar lo que significan.




