Posteado por: Dorianne Alvarado | 24 mayo 2010

¡A viva voz!

No me mal interpreten que con lo que voy a decir, pero a veces la democracia fastidia. No es que no esté de acuerdo con la democracia, todo lo contrario. Le doy gracias a Dios que vivo en un país en donde la democracia es (o al menos se supone que sea) la forma de gobierno.

Se supone que este sistema “es una forma de convivencia social en la que los miembros son libres e iguales y las relaciones sociales se establecen de acuerdo a mecanismos contractuales y que las decisiones colectivas son adoptadas por el pueblo mediante mecanismos de participación directa o indirecta que le confieren legitimidad  a los representantes”. Hay dos formas principales de democracia: la indirecta y representativa, en donde “el pueblo se limita a elegir representantes para que estos deliberen y tomen las decisiones, de forma jerárquica” y la directa, en donde “el pueblo reunido en asamblea o consejo, delibera y toma las decisiones que van a regular la vida en sociedad”.

En Puerto Rico se ejercen ambas (separadas o en combinación). Por ejemplo,  la Asamblea Legislativa se compone de senadores y representantes  elegidos por el pueblo (democracia indirecta), pero cuando la Asamblea Legislativa se reúne para tomar decisiones que regularán nuestra vida en sociedad lo hacen, haciendo honor a su nombre, en asamblea (democracia directa). Otro ejemplo, muy común en estos días, son las asambleas estudiantiles en la Universidad de Puerto Rico (democracia directa). Otras instituciones (organizaciones, colegios, cooperativas, etc.) utilizan la democcracia directa para reunir a sus miembros/socios y tomar decisiones que los afectarán a todos. Estas asambleas se dan bajo los parámetros del Procedimiento Parlamentario, se establece el quórum, se presentan los asuntos y se pasa a votación de ser necesario, etcétera. Esto me lleva a la parte interesante que es la que hace que hoy esté escribiendo estas líneas…

Hay tres formas principales de votación: (1) votación abierta, “la que se realiza expresando el voto a viva voz, levantando la mano o poniéndose de pie”; (2) votación nominal, “cuando el Secretario llama uno por uno a los socios por su nombre y pide que emita su voto a viva voz”; y (3) votación secreta, “la que se efectúa haciendo uso de las papeletas de sufragio, las que son distribuidas por el Secretario para que en ellas cada uno de los asistentes escriba una palabra o anote un signo que previamente se ha establecido. Luego la papeleta doblada debe ser depositada en un ánfora  para que un Comité escrutador verifique la votación y haga conocer el resultado”.

Después de asistir a, observar, escuchar (y leer acerca de) varias asambleas, tengo serios problemas con la primera (y más común) forma de votar en una asamblea: la bendita votación abierta o a viva voz. Para dar ejemplos concretos, hace una o dos semanas, en el hemiciclo se formó la grande cuando se pasó a votación en la Asamblea Legislativa sobre un proyecto y claramente (mi percepción) ganó el “no”. Por el contrario, para el que presidía en ese momento la sesión, no fue así y procedió a aprobar la medida/proyecto. Esto provocó un sal pa’fuera en el Capitolio, otro más de los tantos que hay. Ese día, hasta la cubierta de un micrófono voló por los aires. Fue muy cómico pero decepcionante y frustrante a la misma vez. Esa fue la segunda vez que el senador Alejandro García Padilla y el resto de la delegación de minoría se veían envueltos en una situación de ese tipo en un periodo de dos semanas. Y no es para menos. Ciertamente uno es un ser humano y le molesta que, sabiendo claramente que la mayoría votó por “no” y que el presidente o presidenta, por su propia percepción, diga lo contrario simplemente porque no está de acuerdo con el resultado no es justo y debería ser ilegal. No es que este defendiendo el “tantrum” que le pueda dar a un legislador por sentirse “left out”, pero definitivamente debemos encontrar mejores formas para tomar una decisión en donde no quepa la menor duda de cuál fue el resultado vencedor.

Por otra parte, en las asambleas estudiantiles que he estado, la mayoría de las veces (como hoy en la de Mayagüez, no estoy allí personalmente pero estoy al tanto de lo que sucede) deciden votar a viva voz. Mi percepción: siempre prevalece el lado que más grita, no necesariamente el que más votos tiene. Si mi voto dependiera de mi voz, nunca sería contada. Mi tono de voz no es el idóneo para GRITAR lo que pienso y mucho menos para votar a viva voz al lado de tanta gente que definitivamente se pueden ir a vender pasteles a la calle y los venden toditos. Además, votar a viva voz no es confiable puesto que depende de la percepción de alguien. ¿Y que tal si esa persona no es imparcial? La democracia se va al suelo bajo este método. La percepción falla, la matemática no. Por eso apoyo el voto nominal o el voto secreto, y especialmente este último porque nadie tendría miedo de expresar lo que piensa ni se sentiría coartado al hacerlo.

Pueden argumentar que el voto secreto es más complicado y toma más tiempo, pero al final no habrá duda del resultado y si la hay, se cuentan los votos nuevamente. Creo que es la forma más sensata y efectiva de tomar una decisión con un gran número de personas. En el caso de las ya famosas asambleas estudiantiles, se ahorrarían muchas discusiones y malos entendidos que nada aportan a mejorar la situación de la Universidad y en la Asamblea Legislativa se proyectarían mejor ante el pueblo que los eligío, comportándose como lo que son, profesionales y representantes del pueblo, no payasos en un circo. Con tanta novedad tecnológica, deberían invertir en un sistema electrónico de votaciones en la Legislatura y problema resuelto (si es que no lo hay ya y simplemente son demasiado vagos para usarlo).

Así que a VIVA VOZ les digo que esta servidora repudia el voto a viva voz y presenta una moción para que se utilice el voto secreto en estos casos para que se haga honor a la verdad y, más que todo, a la democracia.

¿Quién secunda la moción? ;-)

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Respuestas

  1. Tienes razon, el voto debe ser secreto. Este proceso garantiza que la registracion contable sea genuina, real, y controlable.

  2. [...] aproximadamente un año y tres meses, en una entrada titulada “¡A viva voz!“, expresaba mi repudio al sistema de voto a viva voz en la legislatura por varias razones [...]


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